Tratamiento de la epilepsia

El tratamiento de la epilepsia está basado en el uso de fármacos anti epilépticos. Existen más de 15 fármacos en el mundo disponibles para el tratamiento de la epilepsia. Cada país es diferente en este aspecto. Todo esto depende de que el organismo regulatorio del gobierno apruebe ciertas medicaciones.

Los fármacos anti epilépticos más comunes son:

  1. Fenobarbital
  2. Fenitoína
  3. Carbamazepina
  4. Etosuximida
  5. Valproato
  6. Gabapentina
  7. Topiramato
  8. Lamotrigina
  9. Levetiracetam
  10. Oxcarbazepina
  11. Pregabalina
  12. Clobazam
  13. Felbamato
  14. Lacosamida

Existen otros fármacos que si bien no son considerados fármacos anti epilépticos primarios, son usados con esa intención; entre ellos tenemos: acetazolamida, clonazepam, entre otros.
Todos los fármacos anti epilépticos son igualmente eficaces, la diferencia estará basada en el tipo de efectos secundarios o colaterales que pueden producir. Los efectos colaterales más frecuentes y comunes de todos los fármacos anti epilépticos son la sedación, reacciones dérmicas, y los cambios de conducta.
Cuando una persona es diagnosticada con epilepsia, su respuesta al tratamiento dependerá del tipo de crisis. Las personas con crisis generalizadas, responderán al tratamiento en un 70 u 80%. Cuando las crisis son focales la respuesta al primer fármacos será del orden del 50%, si eso no ocurre el segundo fármaco proveerá control de las crisis en aproximadamente 20% de pacientes. Luego de dos fármacos, existe una posibilidad del control de las crisis de menos del 5%. Cuando una persona no responde a dos fármacos anti epilépticos y continúa teniendo crisis, a esta persona se le diagnostica de epilepsia intratable o resistente al tratamiento. En esos casos, es aconsejable que la persona sea referida a un centro de epilepsia que cuente con unidades de video-EEG, ya que la persona probablemente requiera otro tipo de tratamiento que no sean fármacos, o quizás la persona no tiene epilepsia sino otra condición neurológica llamada crisis no epilépticas, o otros desórdenes que fácilmente se pueden confundir con epilepsia como desórdenes del movimiento, desórdenes del sueño, sincopes, entre otros.